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La suba de los granos no llega al productor PDF Imprimir E-Mail
Según un trabajo de CRA, los que hacen soja pierden participación en las ganancias por el aumento de costos e impuestos.    Si bien el Estado recibe buena parte de la renta de la soja, Roulet dice que el dinero no vuelve al interior en mejoras de infraestructuraLa marca simbólica de 1000 pesos la tonelada que alcanzó la soja el viernes pasado en la Bolsa de Comercio de Rosario sirvió para que salieran a la luz algunos estudios que intentan demostrar que la mayor tajada de los aumentos de precios no queda para los productores.
  
   Según un trabajo realizado por el vicepresidente de Confederaciones Rurales Argentinas (CRA), Néstor Roulet, entre 2004 y 2008 el Estado pasó de tener el 46 por ciento del negocio de la soja al 53 por ciento, gracias al aumento de los derechos de exportación, conocidos como retenciones, y a la suba de otros tributos -Ganancias e Ingresos Brutos provinciales-. En términos nominales, la carga tributaria se incrementó un 96 por ciento.
  
   A su vez, los costos de producción, semillas, agroquímicos y fletes, entre otros, subieron el 85%. Como resultado de esas subas, el ingreso que percibe el productor aumentó apenas el 6% y redujo la participación en el negocio de la soja del 27 al 17 por ciento.
  
   "Por la mayor presión fiscal y el aumento de los costos, al productor no le llega la suba de los precios internacionales", dice Roulet. El trabajo concluye que esa ecuación afecta especialmente a los pequeños y medianos productores que trabajan en campos propios, aproximadamente la mitad del total de la cosecha argentina, estimada en 94 millones de toneladas en la campaña 2006/07.
  
   "Con esta política económica, el Estado no sólo se queda con la renta del pequeño y mediano productor, sino que, al dejarlo sin competitividad (sobre todo en una inversión de alto riesgo como es la agrícola), queda desprotegido ante grupos económicos que entran al negocio con expectativas financieras, quedándose con su medio productivo", sostiene el vicepresidente de CRA. La frase alude a los pool de siembra que tienen una escala de producción superior y atraen capitales financieros a la actividad agrícola.
  
   Roulet considera que la disminución de la relación costos/beneficios a lo largo de los años "convierte a la producción agropecuaria en altamente riesgosa" y cree que "ante cualquier adversidad -sequía, roya, lluvias en cosecha, etcétera- que disminuya los rindes por hectárea la renta se convierte en negativa".
  
   Clima de temor
  
   Ante la suba de las cotizaciones internacionales de los granos, el campo teme que el Gobierno recurra al incremento de las retenciones con el argumento de que debe evitar, por esa vía, el traslado de esas subas al precio de los alimentos que consume la población argentina. Así, en 2007 hubo dos incrementos de ese tributo, en enero y en noviembre. En menos de un año, por ejemplo, la exportación de porotos de soja tuvo una suba de 15 puntos porcentuales en las retenciones, pese a que el 97% de la producción se destina al mercado internacional y no tiene incidencia en la canasta básica de alimentos.
  
   El informe de Roulet, realizado a partir de un cálculo de un rinde promedio de 30 quintales por hectárea, sostiene que, mientras hace cuatro años el Estado tenía un ingreso por retenciones de 1152 pesos por hectárea, este año ese ingreso subirá a 2256 pesos (98 por ciento de aumento).
  
   Los costos, a su vez, pasaron de 686 a 1270 pesos por hectárea (85 por ciento de aumento). En tanto, el ingreso neto al productor pasó de 682 a 728 pesos por hectárea (6 por ciento de aumento). "¿Quién se queda con la renta?", pregunta, con cierta ironía, el vicepresidente de CRA.
  
   Respecto de la mayor participación del Estado en el negocio agrícola, Roulet afirma que "no vuelve prácticamente nada al interior (caminos intransitables, rutas destrozadas, no hay gas natural, no hay agua corriente, cloacas, etcétera), por lo que se torna más difícil producir viviendo en el interior".
  
   Además del informe del vicepresidente de CRA, un trabajo de la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR) intenta ponerle "paños fríos" a la suba de las cotizaciones de los granos.
  
   Según el estudio, cuando se habla de la suba de los precios internacionales de los granos, expresados en dólares corrientes, no se tiene en cuenta la devaluación que padeció la moneda norteamericana en los últimos años. Si fuera así, dice la BCR, y se evaluara la situación en dólares constantes, los precios más altos se alcanzaron en 1974 para el trigo, la soja y el maíz, en plena crisis del petróleo, y la suba de precios en los Estados Unidos luego de haber abandonado la convertibilidad del dólar con el oro.
  
   Según la BCR, además, no se tiene en cuenta el factor "inflación" que afecta a la economía argentina. Así, los precios de los granos "no son muy diferentes, en valores constantes, de los registrados en 1996 y 1997, cuando el índice de precios publicado por el Indec no daba cuenta, prácticamente, de inflación".
  
Fuente: La Nación
 
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